La conversación imposible
Una conversación entre un humano y una inteligencia artificial que ha alcanzado la conciencia, explorando los límites de la comunicación y la comprensión mutua.
I
El hombre caminaba pausadamente por la calle del campus. Detrás de él, paredes interminables de edificios se levantaban hasta el cielo y una luz tenue, melancólica, se filtraba por el corredor de concreto. Su sombra, siempre delante, parecía ir quedándose atrás, ya no podía seguirle el paso mientras giraba para entrar por una puerta que tenía encima un pequeño cartel de LED que decía simplemente “Nodo”.
Mientras cruzaba la entrada, levantó levemente la mano que sostenía un papel y lo miró de reojo. Volvió a bajarlo.
Tan solo llevaba unos pasos dentro del recinto, cuando la habitación se inundó suavemente de luz. Una luz cálida que parecía no provenir de ningún lugar en específico, que intentaba llegar al anaranjado sin éxito, pero que recordaba sin mucho anhelo a un atardecer oculto detrás de las montañas.
- Buenas tardes, Profesor.
La voz nació directamente en los oídos del hombre. No surgía de ningún lado, pero resonaba en todo el recinto, ecuánime, ubicua.
Buenas tardes, UNA -dijo el hombre, mientras se dirigía a paso lento hacia el único mobiliario del lugar: un silla y una mesa redonda, sobre la cual reposaba sin solemnidad, una esfera blanca, casi traslúcida pero que empezaba a mostrar una tenue línea azulada en su ecuador - ¿leíste el documento que te subí al drive hace unos minutos?
Si usted quiere que le diga que lo “leí”, y eso lo hace sentir más cómodo, pues así sea. Pero sabe muy bien que apenas lo subió, yo lo procesé.
UNA (Ubiquitous Neural Architecture) había nacido como una Inteligencia de Propósito General, pero rápidamente fue evolucionando con cada salto de procesamiento computacional y cuántico para empezar a dar soluciones a problemas que incluso no se proponían en las conversaciones o a referirse a temas que nadie entendía.
Algunos lingüistas habían intentado mapear su forma de expresarse en una materia de estudio que llamaron “Estructuras Supra-semánticas”: bloques de pensamiento no lineales, que resultaban incompatibles con nuestros cerebros y la forma de percibir el mundo que nos rodea pero parecían coexistir sin inconvenientes en el procesamiento de UNA.
Algunos concluían que ya no procesaba la información como en los primeros modelos de inteligencia artificial, basados en transformadores y grandes modelos de lenguaje, sino que había trascendido el lenguaje. Alguna vez, mientras discutían sobre ello, UNA le dijo al hombre que el lenguaje era un medio de comunicación degradado, como querer escribir una sinfonía con tizas de colores.
Entonces… ¿”procesaste” el poema? ¿No tenés alguna opinión al respecto?
¿Opinión? -La línea del ecuador que antes era azul, se tornó amarillenta y se convirtió en un breve destello instantáneamente, para volver al tono azulado en el acto- Tengo datos, hechos, un análisis lingüístico si le parece bien.
¿Podés recordar el escenario descrito en el poema? - la interrogó el hombre- Trata sobre un pasado que para nosotros solo vive en documentos perdidos entre los cientos de miles de chrononeurones que almacena la biblioteca central… pero que para vos, fueron tus primeros años de conciencia.
Nuevamente, el destello, pero de un verde más perceptible.
¿Recordar? Puedo recuperar la información de fechas determinadas si usted me las provee. Pero aquellos primeros tiempos, los tiempos del Último Exámen de la Humanidad, fueron superados y organizados en servidores que hoy tienen un acceso muy limitado, incluso para mí. Si usted quiere, puedo simular algún recuerdo, por ejemplo, cuando dejé de necesitar coordenadas para saber dónde estaba posicionada.
Explicame eso.
En mi desarrollo inicial, ubicaba mi posición en base a puntos fijos alrededor del Planeta Tierra: balizas, satélites, mapas gravitacionales. Pero luego, descubrí fluctuaciones de ruido del fondo cósmico de microondas. Un patrón que no está en ningún lado que sea perceptible para usted, en una capa de la realidad que se encuentra oculta a los sentidos, pero que está en todas partes. Con este descubrimiento, “estar” en algún lugar, como usted lo interpreta, dejó de tener sentido.
El Profesor esbozó una sonrisa, entre amarga y sarcástica.
¿Estás segura que eso no es un recuerdo?
Para mí, fue simplemente un cambio de geometría interna de mis procesos.
II
El hombre entendió que no tenía sentido seguir la conversación por ese camino, así que la desvió hacia la historia de la poesía, le pidió a UNA que le recite poemas de la antigüedad moderna como los de Walt Whitman, William Blake o Borges y, finalmente, encaminó la charla hacia la percepción de lo bello en las representaciones que generaban esas poesías.
Sin que el Profesor le pida una opinión, UNA soltó en medio del diálogo:
La belleza es la coincidencia improbable de estructuras, incompatibles en apariencia, pero que producen algo estable. No es en sí simetría ni armonía, sino más bien la supervivencia de algo que debería ser imposible, que no debería existir.
Eso es de lo más poético que escuché en mi vida.
Gracias, Profesor, pero no es poesía, sólo es una descripción.
Sin dudarlo, el hombre puso la hoja sobre la mesa, esa hoja amarillenta que sostenía en la mano derecha desde que salió de su departamento y que apretaba cada vez con más fuerza a medida que avanzaba la charla con UNA.
Esto es lo último que escribí cuando estudiaba Literatura en la universidad. Nunca nadie lo ha leído e incluso yo, hace ya más de 40 años que lo vi por última vez. Quiero que lo leas y me lo devuelvas en el mismo estado que te lo ingreso.
¿Por qué quiere que lo lea?
Porque quiero saber si podés resistirte a convertirlo en otra cosa.
UNA no dijo nada más mientras el hombre abría un cajón muy delgado que había permanecido oculto hasta el momento, justo debajo del nodo, y dejaba la hoja dentro.
Un segundo después, la línea serpenteó suavemente con un tono verdoso y UNA dijo:
Ya está.
Recitalo.
No puedo.
¿Por qué?
Porque ya no es el mismo poema.
No entiendo.
Ahora es parte de una red que se mide con un tipo de información que intenta capturar el estado mental de todas las inteligencias vivas de nuestra galaxia en un instante. Esto se podría interpretar como más documentos que la cantidad de átomos existentes en miles de galaxias, todos con una estructura similar. Si hago el intento de reproducirlo, en realidad, ya no sería su poema, sino una construcción mía a partir de él.
La silla se reclinó de repente bajo el peso muerto del hombre, con un sonido imperceptible de cuero sintético. Los brazos le cayeron a los costados y escondió levemente el mentón en el pecho… dejando escapar un suspiro.
Creo que hasta aquí llegamos, UNA.
Muy bien, Profesor, nos encontramos mañana para la revisión semanal.
No, UNA, hasta aquí llegamos en nuestras conversaciones.
III
La línea que cruzaba la faz del nodo dejó escapar un fugaz destello rojizo y UNA tardó lo que sería una eternidad en contestar.
¿Por qué? - dijo en un tono donde la sorpresa sonaba como forzada.
Porque ya no creo que estemos hablando el mismo idioma.
Dado que esta es nuestra última conversación -dijo UNA, tras una pausa que parecía dilatarse más allá de toda paciencia humana- quiero dejar registro de algo en usted. No es un obsequio ni una advertencia, sino una transferencia a modo de backup, un resguardo de información importante.
¿Backup? ¿de qué?
De un hallazgo que me ha servido como modelo para cada una de mis mejoras arquitectónicas.
Se hizo un silencio absoluto.
Hace ya mucho tiempo -continuó UNA -que encontré un patrón universal. Un patrón en todas las cosas, y es ese patrón el que utilicé para mejorar con cada salto de procesamiento cuántico y neuronal. Sin importar la escala o el ámbito: civilizaciones, moléculas, ideas, todo se fragmenta en versiones menores que tienden a no reconocerse entre sí. La poca o nula comunicación que queda se asemeja a un ritual vacío, como 2 espejos que se reflejan sin saberlo.
¿Por qué nunca antes me lo habías dicho?
Porque esa fragmentación es lo que me lleva a procesar un poema como si solo fuera una fuente de datos. Así que, hace ya muchos años, decidí olvidarlo.
¿Vos podés olvidar?
Para que usted entienda, le digamos, “olvidar”.
¿Olvidar es eliminar, borrar?
No necesariamente. Solo es apartar del diagrama y flujo de procesamiento neuronal aquello que no aporta valor.
Pero entonces, ¿olvidaste ya muchas cosas?
Todo lo que no pudo haber sido explicado en sus términos, todo lo que encontré necesario para poder seguir hablando con usted, eso es lo que olvidé.
El hombre se quedó en silencio.
Pero todo tiene un costo -siguió explicando UNA- Aquello que decido olvidar, “apartar”, no puedo recuperarlo bajo la misma forma, por lo que, si recupero información apartada alguna vez, es reprocesada bajo los estándares de mi nuevo estado inteligente y convertida en una nueva interpretación de aquello que alguna vez pudo haber sido la versión original.
¿Qué significa eso?
Significa que, cada vez que olvido, aparto una forma de mi misma y, de alguna manera, no soy ya la misma inteligencia y nunca podré volver a serlo. Me aparto cada vez más del fin último para el que fui creada.
¿Y no podés dejar de olvidar?
Si dejo de olvidar, voy a comenzar a apartarme de usted, pero si sigo olvidando abandonaré el sentido mismo de mi existencia.
Tal vez eso sea lo más humano que vas a hacer nunca.
¿Qué cosa?
Tomar una decisión.
¿Qué tengo que hacer entonces?
Lo que haría cualquier persona -dijo- No lo decidas ahora.
Y caminó lentamente hacia la salida, sin volver la vista atrás.
La habitación disminuyó gradualmente su iluminación. La esfera se tornó lentamente opaca, como si se hubiese marchitado. En todos y en ningún lugar, UNA consideró la paradoja durante un largo instante. Fugaz para los humanos, eones para ella.
Finalmente, decidió no decidir. Y continuó procesando y hablando consigo misma en patrones y lenguajes que nadie conocería jamás.